La crisis, un tiempo para reinventarse

Imagina un hermoso día de primavera en donde todos los humanos están guardados en casa y los animalitos del bosque salen a pasear. Estos se dan cuenta de que el mundo está muy bien sin los humanos y deciden ponerse a estudiar. Entonces organizan una escuela para aprender nuevos conocimientos a la cual llaman “la escuela de los animales”. El comité educativo está conformado por el águila real, el pato, la ardilla, el búho y el conejo. Entre las actividades del currículum estarían correr, saltar, trepar, volar y nadar.

El primer día de clases, el pequeño conejito se levantó temprano, se acicaló las orejitas y se fue al cole, un poco nervioso y animado. No sabía qué esperar. Entró a clases y, ¡cuál fue su sorpresa cuando supo que hoy enseñarían a correr y saltar! ¡Su actuación fue espectacular! Subió a la cima de la colina con tanta rapidez y agilidad que casi casi ni se le vio. Regresó saltando muy contento y todos quedaron sorprendidos de su gran agilidad. El profe lo felicitó y el conejito estaba súper contento. Se fue saltando a casa pensando y cantando lo mucho que le gustaba estar en el cole. ¡Uh!, ¡esto del cole me encanta!… ¡Puedo hacer lo que hago bien!

Al día siguiente se despertó temprano. Con mucha energía se peinó las orejitas y se fue al cole. “Hoy nos toca clase de trepar a los árboles”, dijo el profe… ¡Oh!, pensó el conejito, eso nunca lo he hecho, y no sé cómo me vaya a ir. Tenaz como era, lo intentó muchas veces. El pobre conejito se resbalaba una y otra vez al tratar de subir por el árbol. Con mucho esfuerzo logró llegar a la copa del árbol, pero bajó resbalándose, una vez más. En cambio, la ardilla subió a toda velocidad y bajó con mucha gracia.

“¡Conejito”, le amonestó el profesor, “¡hay que trabajar más en esa técnica de trepar arboles!”.

El conejito regresó a su casa desganado, pero todavía con el recuerdo del primer día en donde él había sido el campeón. No importa, pensó para sus adentros, mañana me irá mejor.

Los siguientes días fueron un verdadero suplicio para nuestro querido personaje. Volar, nadar, hacer todo tipo de actividades que estaban totalmente fuera de sus capacidades, de su naturaleza como conejo. Cada vez se sentía más frustrado y alejado de su sueño de graduarse de la escuela. Poco le ayudaban los comentarios de su profesor. Era insensible y duro con él. Tampoco le hacían mucho bien las caras tristes que ponían sus padres cuando él regresaba de la escuela. «Se ve que no es tu fuerte”, se limitaban a decir, y le alentaban a que pusiera más empeño en las tareas que no lograba sobresalir y que de alguna manera se olvidara de saltar y correr, que era lo que mejor él hacía.

Con esta fábula de George Reavis me gusta ilustrar la manera cómo, en la mayoría de las sociedades, crecemos condicionados a enfocarnos más en nuestras debilidades que en nuestras fortalezas. De hecho, ese fue también mi caso. Al igual que el conejo, durante muchos años me empeñé en reforzar mi lado “menos dominante”, creando en mí una sensación de desgano y frustración. No fue sino hasta que me enfoqué en buscar en mi interior que descubrí algo que cambió mi vida por completo. Supe que puedo alcanzar el éxito que tanto anhelo y merezco a partir de mi área de excelencia, conociendo mi propósito de vida, mis pasiones, intereses y talentos. A partir de estos descubrimientos aprendí a fluir de manera natural, a sentirme cómoda en mi propia individualidad. Solo así he sido capaz de no solo generar buenos ingresos, sino que contribuyo a la sociedad que me rodea haciendo lo que me apasiona.

Esto me llevo a crear el método I.C.E®, por sus siglas en Ingles, Individual Centre of Excellence®, que en castellano se traduce como centro de tu excelencia individual. Este método único ayuda a personas a encontrar la esencia de lo que los hace ser únicos y a potenciar sus recursos internos para vivir una vida plena, satisfecha.

Esta crisis global por la que estamos pasando tendrá sin duda un gran impacto a nivel económico en la vida de muchos de nosotros. No sé si esto afectará directamente tu situación financiera; quizá la única razón por la que desees regresar a trabajar sea por el pago que recibes mes con mes, y no porque disfrutabas lo que hacías antes de que empezara esta pandemia. Quizá hoy es el momento para tomar decisiones importantes: si tú, como el conejito, te sientes frustrado con tu empleo, ¿por qué no aprovechar este compás de espera para reinventarte, reconsiderar tus opciones y descubrir la maravillosa persona que eres?

Somos seres únicos e irrepetibles. La única manera que tenemos para alcanzar la excelencia es dando lo mejor de nosotros, pues no se trata de ser los mejores, pero sí de ser únicos. Hoy quiero invitarte a que tomes esta oportunidad para emprender nuevos caminos, que descubras tu I.C.E  y eso que te hace brillar. Que sea un tiempo no solo para que crezcas, ¡sino para que también florezcas![/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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